jueves, 28 de mayo de 2009

Una y tal vez alguna más

Mi día se va moviendo entre lo maravilloso y lo incómodo o inapetente. Ahora mismo estoy en un momento maravilloso, por determinados sucesos y en particular porque escucho música sentada en mi sofá mientras los rayos de la puesta de sol entran por la ventana para darme un poco de calor y esa sensación de visibilidad borrosa cuando miro por la ventana para ver el atardecer, además a mi lado del sofá está Mora disfrutando del sol mientras Mojo se entretiene observando las sombras que crea el sol al penetrar por el pasillo. Ha habido varios momentos maravillosos que no voy a describir porque algunos se merecen una entrada especial, única y exclusivamente para ellos. No como lo que voy a contar ahora que o se escribe acompañado o no hay quien lo escriba.
El caso es que fui a la playa ilusionada porque hacía tiempo que no estaba cerca del mar teniendo calor y además me acompañaba mi padre con quien por fin he establecido una relación basada en el respeto y el cariño que me genera alguna satisfacción, ya que por lo menos no me genera siempre una desazón reunirme con mi padre. Mi madre nos llevaba a la playa y luego se iba a sus actividades, habiendo cumplido antes una de las actividades que más le gustan y es que yo acepte que me traiga algo de comer. En este caso eran unas fresas con naranja que me supieron a gloria e hicieron que me acordase de Sandro, entonces las disfruté aún más.
Una vez que estuvimos en la playa comenzó mi desesperación interna al tener que colocar mi toalla pegada a dos grupos de humanos, uno de los grupos estaba formado por una madre con su hija, una tumbona, unos cuantos juguetes y una desagradable relación madre-hija en la que se impone el poder por las amenazas con volver a casa, con el típico "te estás buscando una bofetada"... el otro grupo eran dos personas en la veintena que parecían estar enamorados pero que no se comunicaban en absoluto a no ser que fuese para preguntar si iban a bañarse, si ella estaba guapa y darse algún que otro beso. Evidentemente el resto de la playa también estaba ocupada por distintos grupos, lo cual siguió haciendo mella.
Para mi alegría me encontré con Lara, una perrita que parecía amigable pero que no quiso relacionarse conmigo hasta que me relacioné con el humano que la acompañaba, y aún así tampoco parecía que le apeteciese mucho conocerme, así que decidí seguir con mi paseo que terminó pronto por seguir cruzándome con humanos.
Volví a mi toalla y decidí pasar el tiempo leyendo, lo cual estaba resultando muy entretenido hasta que un golpe de balon de futbol contra una roca no muy cercana me sacó de la historia, lo cual me fastidió y entonces dejé de leer para hacer lo mejor que se puede hacer en estos casos, que es dormir.
Cuando desperté la incomodidad de despertarme rodeada de humanos, que estaban ya jugando un partido de futbol, me dije a mí misma "qué haces aquí?". La respuesta fue "perder el tiempo" y entonces traté de hacer algo distinto porque ya había menos humanos, di un paseo, escuché algunas canciones y me puse ha hacer fotos, para que cuando la cosa se ponía interesante los humanos que iban conmigo, mis padres, decidiesen que se iban y me avisasen de ello cuando estaban ya listos para irse.
Total que creo que tardaré en repetir una experiencia como ésta porque ha sido realmente una pérdida de tiempo y no me apetece perderlo de ese modo ;).
Al regresar a casa han vuelto los momentos maravillosos, algunos son de los que dije antes que se merecían un propio texto. Ahora mismo seguimos escuchando música y estamos los tres aprovechando los últimos rayos de sol que caen sobre nuestros cuerpos. Me faltais muchas personas pero en especial me apetece una con quien gocé, gozo y gozaré, echo de menos conversar contigo.
Mil besos! Qué cada uno pille los que quiera ;)

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