
Eran las 9 de la mañana cuando mi despertador sonaba avisándome de que tenía una cita. Para acudir a ella debía subirme a un tren o un autobus. Como me daba igual, decidí que lo miraba ese mismo día. Y para mi fortuna iba a salir un tren con destino a Santiago pasadas las 11 de la mañana. El viaje resultó muy agradable con el sol dando de vez en cuando en mi cara. Por fin llegué a Santiago sobre las 12,30 dónde me estaba esperando el/la mag@ blanc@ aparcad@ justo en la puerta de la estación. Dejé mis cosas en el asiento trasero antes de subirme en el asiento del/(de la) copilot@. Nada más entrar todo resultó muy familiar aunque fuese la segunda vez que nos encontrábamos en persona y hablásemos unas pocas más por teléfono, chat o email. Lo cierto es que en esas ocasiones tampoco nos habíamos comunicado mucho. Los saludos iniciales fueron especiales, nos besamos apasionádamente, nos miramos con complicidad y deseo, nos acarciamos... casi sin pronunciar nada. Mientras tanto seguíamos nuestro camino en dirección a su casa para recoger unas cosas antes de irnos de viaje. Y recibió una llamada de la persona a la que íbamos a visitar. Nuestros planes iniciales quedaban cancelados porque no podía recibirnos. Así que seguimos con nuestro especial saludo, quizás ahora más ansios@s. Llegamos a su casa sin dejar de acariciarnos, mirarnos o besarnos en ningún momento. Sin hablarlo dimos rienda suelta a nuestros instintos, gozando de cada nuevo rincón, nuevos olores, nuevos tactos, nuevas imágenes, nuevos sabores, nuevas melodías... Disfrutando amb@s de tenernos un@ al/(a la) otr@ disfrutando de un@ y de otr@, con un@ y con otr@, por un@ y por otr@... uniéndonos así cada un@ con su mitad, sumándonos con todo a todo.
Pasado un tiempo que no consigo establecer, decidimos salir al parque. Tampoco recuerdo si comimos antes, durante o después de la visita al parque. Lo que sí recuerdo es que estuvimos tirad@s en la hierba algo cobijad@s del sol por unos árboles. El parque estaba en una pendiente lo que hacía que nos sintiésemos bastante aislad@s de las pocas personas que habían decidido quedarse en la ciudad en lugar de ir a la playa. Dicho así no suena muy atractivo pero realmente valió la pena para nosotr@s, ya que trajimos todo lo que deseábamos a dónde estábamos. Nos unimos aún más estando al aire libre con el viento soplando suave sobre nosotr@s, los pájaros cantando alegrándonos los oídos, el sol iluminándonos el paisaje y nuestra propia piel, la hierba dándonos un agradable aroma junto con las flores, las hojas y los troncos de los árboles; proporcionándonos además una especie de almohada que hacía que estuviésemos muy cómod@s. Además nos usábamos indistintamente de cojín.
Siguió pasando el tiempo y hoy, hace un año que estábamos en esa situación. El amor nos ha acompañado durante este tiempo, haciéndonos cada día más fuertes, más felices, más tranquil@s, más segur@s... más viv@s!
