miércoles, 18 de febrero de 2009

Historia de Bugs Bunny

Bugs Bunny era el nombre que decidieron ponerle dos prim@os, Sara y Mateo, a un conejo que pasó con ell@s varias semanas. El día que se conocieron los tres era un día lluvioso de otoño en el que los niños iban a casa de la abuela para poder jugar en el patio sin mojarse. La verdad es que pasaban mucho tiempo allí, se podría decir que 350 días al año veían a su abuela, incluso los fines de semana se quedaban allí a dormir en lugar de ir a casa de sus padres. Ese día era por semana y en cuanto terminaron de merendar apareció su tío Juan con un conejo que llevó para el patio trasero de la casa. Le hicieron una caseta en la que metieron una manta y agua y comida en recipientes grandes para que comiera y bebiera cuando y cuanto quisiera. ¡Qué suerte tenía Bugs!, pensaron Sara y Mateo, todo el tiempo jugando, lejos de l@s mayores, con su propio rincón, comida, bebida, sin horarios para nada...

Durante unos días iban a verle pero Bugs no se acercaba mucho hasta que un día le llevaron una zanahoria, desde entonces cada vez que algun@ de l@s niñ@s entraba le llevaba un trocito y así estaba con ell@s. Pasaron los días y uno de ellos no encontraron zanahorias en casa, así que no sabían si Bugs jugaría con ell@s. De todos modos decidieron entrar a verle aunque con pocas esperanzas y para su sorpresa Bugs Bunny jugó con ell@s como cualquier otro día. Mateo pensó que seguro que lo hacía porque también le gustaba jugar con ell@s, y Sara se dio cuenta de que cuando ell@s no estaban Bugs se quedaba solo por eso no le importaba la zanahoria, sólo quería divertirse. Era como cuando te castigaban, no es lo mismo estar tú sol@ en tu cuarto que estar castigad@ con otr@s.

Siguieron pasando los días y Bugs había crecido mucho, los niñ@s pensaron que era porque estaba comiendo bien y era feliz allí. Aunque les extrañaba que jugase menos y estuviese menos con ell@s cuando iban allí a pesar de que ahora siempre llevaban una zanahoria entera.
Un día llegaron a casa de la abuela y fueron a verlo pero no estaba, les dijeron que se había escapado. Esto había sido la misma semana en la que hubo conejo para comer el sábado.
Sara no comió carne porque no le gustaba comer carne, comía patatas, arroz, pasta, verduras, legumbres, fruta, algunas galletas y soja tal y cómo hacían sus padres.
Mateo sí que comió conejo porque le encantaba la carne, de lo que sus padres estaban muy orgullosos porque decían que comía muy bien al comer de todo.

Pasaron unos meses y amb@s descubrieron que el conejo de ése sábado era Bugs Bunny.
Sara se dio cuenta de que se había alimentado sin la necesidad de matar a un amigo al que quería mucho y con el que disfrutaba jugando.
Mateo decidió no comer ningún alimento que causase sufrimiento a cualquier especie animal porque se dio cuenta de que tenían sentimientos, disfrutaban de estar en libertad, de la comida, de la compañía... al igual que hacían él, su prima Sara y cualquier otr@ animal human@ que conocían.