domingo, 30 de mayo de 2010

Mag@ blanc@


Eran las 9 de la mañana cuando mi despertador sonaba avisándome de que tenía una cita. Para acudir a ella debía subirme a un tren o un autobus. Como me daba igual, decidí que lo miraba ese mismo día. Y para mi fortuna iba a salir un tren con destino a Santiago pasadas las 11 de la mañana. El viaje resultó muy agradable con el sol dando de vez en cuando en mi cara. Por fin llegué a Santiago sobre las 12,30 dónde me estaba esperando el/la mag@ blanc@ aparcad@ justo en la puerta de la estación. Dejé mis cosas en el asiento trasero antes de subirme en el asiento del/(de la) copilot@. Nada más entrar todo resultó muy familiar aunque fuese la segunda vez que nos encontrábamos en persona y hablásemos unas pocas más por teléfono, chat o email. Lo cierto es que en esas ocasiones tampoco nos habíamos comunicado mucho. Los saludos iniciales fueron especiales, nos besamos apasionádamente, nos miramos con complicidad y deseo, nos acarciamos... casi sin pronunciar nada. Mientras tanto seguíamos nuestro camino en dirección a su casa para recoger unas cosas antes de irnos de viaje. Y recibió una llamada de la persona a la que íbamos a visitar. Nuestros planes iniciales quedaban cancelados porque no podía recibirnos. Así que seguimos con nuestro especial saludo, quizás ahora más ansios@s. Llegamos a su casa sin dejar de acariciarnos, mirarnos o besarnos en ningún momento. Sin hablarlo dimos rienda suelta a nuestros instintos, gozando de cada nuevo rincón, nuevos olores, nuevos tactos, nuevas imágenes, nuevos sabores, nuevas melodías... Disfrutando amb@s de tenernos un@ al/(a la) otr@ disfrutando de un@ y de otr@, con un@ y con otr@, por un@ y por otr@... uniéndonos así cada un@ con su mitad, sumándonos con todo a todo.
Pasado un tiempo que no consigo establecer, decidimos salir al parque. Tampoco recuerdo si comimos antes, durante o después de la visita al parque. Lo que sí recuerdo es que estuvimos tirad@s en la hierba algo cobijad@s del sol por unos árboles. El parque estaba en una pendiente lo que hacía que nos sintiésemos bastante aislad@s de las pocas personas que habían decidido quedarse en la ciudad en lugar de ir a la playa. Dicho así no suena muy atractivo pero realmente valió la pena para nosotr@s, ya que trajimos todo lo que deseábamos a dónde estábamos. Nos unimos aún más estando al aire libre con el viento soplando suave sobre nosotr@s, los pájaros cantando alegrándonos los oídos, el sol iluminándonos el paisaje y nuestra propia piel, la hierba dándonos un agradable aroma junto con las flores, las hojas y los troncos de los árboles; proporcionándonos además una especie de almohada que hacía que estuviésemos muy cómod@s. Además nos usábamos indistintamente de cojín.
Siguió pasando el tiempo y hoy, hace un año que estábamos en esa situación. El amor nos ha acompañado durante este tiempo, haciéndonos cada día más fuertes, más felices, más tranquil@s, más segur@s... más viv@s!

viernes, 30 de abril de 2010

Vuelve el dolor

A veces cuando empiezas a estar mejor, la emoción te lleva a realizar determinadas actividades, en mi caso poner plantas en los surcos que Rocío cavaba en el huerto ecológico. Aunque no tuve agujetas, mi cuerpo sufrió mucho y lo ha manifestado poco a poco y de la forma más jodida posible, llevo varios días con la espiral de la negatividad dándome la brasa.
Es complicado sentirse así después de cierto tiempo estando más o menos bien. El malestar emocional hace que se lleve peor cualquier otro tipo de malestar, ya sea físico, monetario...
Hoy tengo ganas de romper con todo, pero no lo haré porque aprendí hace tiempo que cuando estás mal no debes tomar decisiones. De todos modos, vuelvo a pedir paciencia porque igual paso otra temporada incomunicada, intentaré que no suceda, pero no aseguro nada. Así que etiquetadme en lo que queráis.
Los claros son pocos en la oscuridad pero me alegro de que existan porque es la única forma de seguir persiguiendo los sueños.

martes, 6 de abril de 2010

Esperada recuperación

Durante los meses de verano decidí dejar de tomar la medicación para los trastornos mentales-emocionales y físicos que "padezco". Eso supuso comerme un monazo increíble puesto que uno de ellos era un opiáceo. Durante un tiempo me sentí liberada pero poco a poco mis miedos, inseguridades, paranoias... fueron ocupando mi cabeza. De una forma bastante sigilosa el pesimismo o negatividad o como cada uno quiera llamarlo, se instauró en mí. Yo estaba totalmente despistada, no analizaba mis pensamientos demasiado, a pesar de que estaban empezando a generarme malestar. En cuanto tuve la primera crisis nerviosa, analicé la situación y pronto reconocí el estado en el que estaba. No era desconocido para mí, puesto que había vivido así toda mi vida. Entonces comencé a medicarme de nuevo, regulando la medicación con la psquiatra. Ésto fue en noviembre y desde entonces he pasado una serie de malestares bastante desagradables, que ha afectado a mi entorno, amigos, familiares, conocidos... La fobia social que para mí deriva de la grandísima inseguridad en la que me vi envuelta y de la que todavía no me he desprendido, me llevaron a perder contacto con todos, excepto Mojo, Mora y Serxio, quienes vivían conmigo. Ellos quizás se llevaron la peor parte, al verme mal, sin jugar con ellos, gritando...
Ahora voy estando algo mejor, poco a poco voy volviendo a relacionarme, a jugar, a sonreír, a perder la verguenza, a ilusionarme, a querer hacer... Incluso estoy empezando a fortalecer algo mi cuerpo con el fin de poder caminar por el monte o la playa, pasar días enteros haciendo fotos, escribir... Además mi cabeza me vuelve a permitir observar cosas y plasmarlas en textos, fotos o en simples pensamientos.
Agradezco a todos aquellos que sois mis amigos, que lo sigáis siendo a pesar de no tener ni idea de lo que pasaba.
Agradezco a Mojo y Mora haber estado dándome todo su amor y cariño. Al igual que ellos, Serxio también ha estado ahí y quizás sea el que más ha sufrido y al que más le ha costado toda ésta situación. Por eso no sólo se lo agradezco, le digo también que lo admiro como persona y amigo.
Ahora el más grande de los agradecimientos va para mí misma, porque he comprendido muchas cosas en éste tiempo, la más importante de ellas es que aunque las medicinas no curan los problemas, en casos cómo el mío son necesarias para poder solucionar los problemas, incluso para que no aparezcan algunos.