Hoy me apetece hablar de la facilidad que tenemos para juzgar los actos de otras personas, incluso nos atrevemos a juzgar sus pensamientos o sentimientos. Es una conducta que observo en mí y en el resto de animales humanos con los que me relaciono o que tienen alguna relación conmigo, aunque sea vivir en el mismo pueblo. Es curioso que tod@s decimos no juzgar a l@s demás y si nos parásemos a pensar lo hacemos en muchos actos de nuestra vida diaria, algun@s más que otros está claro e incluso algun@s consiguen no hacerlo casi nunca. Lo cual no les libra de ser juzgad@s por su entorno social, laboral o familiar. Creo que juzgamos a los demás para obtener cierta superioridad aunque sea sólo en nuestra mente. Me he sentido juzgada en muchos momentos de mi vida y eso me ha convertido en una persona demasiado débil que cedía ante esos juicios casi todo el tiempo, culpándome por no ser una persona perfecta para quien me juzgaba. Dependiendo de quien fuese y de su manera de emitir los juicios me afectaba en mayor o menor medida. He pasado mucho tiempo haciendo lo que los demás esperaban de mí y eso me ha descuidado hasta tal punto de obviar que tengo problemas bastante serios físicos y psíquicos. En estos momentos entiendo el daño que generamos con nuestros juicios a las personas que nos rodean y lo que es más importante entiendo que la manera en la que comunicamos esos juicios a l@s demás es decisiva para que resulte algo sobre lo que la otra persona reflexionará o algo que le generará un rechazo brutal hacia el tema y hacia nosotr@s. Es posible que no me llegue a librar de lo que me importen los juicios de los demás, pero estoy segura de que es algo que cada día me afecta menos, al igual que cada día trato de juzgar menos.
Creo que quién más te juzga es quién más se juzga a sí mismo.
El Miedo
Hace 6 años.

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