lunes, 24 de noviembre de 2008

Noches de tormenta

Hoy es una noche de tormenta, como lo era la noche de ayer, en las que un@ está calentit@ en el sofá disfrutando de esta agradable sensación de calor y protección al estar bajo un techo, quizás arropad@ por una manta, quizás bebiendo algo caliente, quizás acompañad@ por otra persona, quizás escuchando música, quizás "todos los posibles quizás que a cada un@ se le ocurran". Hay diferencias entre la noche de ayer y la de hoy, una de ellas es que sobre estas horas algo interrumpía ese disfrute convirtiéndolo en un suceso difícil de olvidar. Sonaba el timbre en la casa de al lado de tal manera que parecía que estaban llamando a esta casa. Ante la insistencia la producción musical en la que estaba trabajando Andrés fue parada deliberadamente. En ese preciso instante pudimos escuchar un grito y un golpe que nos llevaron hasta la venta para poder observar por ella lo que habíamos interpretado, que no era otra cosa que un cuerpo tendido en la acera. Este cuerpo era el de la chica que vivía en mi piso, contiguo al de mi madre en dónde vivimos de forma permanente dos gatos (Mojo y Mora) y yo. Afortunádamente Andrés, que vive aquí esporádicamente, estaba para proporcionarme apoyo en todo momento desde que decidí actuar ante lo que estaba viendo. Lo sucedido de aquí en adelante resulta desagradable de relatar en estos momentos en los que podría estar disfrutando de la noche de tormenta. Besiños.

1 comentario:

Julia dijo...

Terrible. Que impresión. Somos tan frágiles que podemos acabar con nuestra propia vida en nada de tiempo y por nada. Quién lo sabe. Yo apuesto por seguir viviendo, aunque a veces tenga la sensación de no hay nada que yo merezca. Te mando un abrazo para la próxima noche de tormenta. O para cuando más te apetezca.